Agentes a medida
Diseñamos agentes con tareas, fuentes, reglas y límites adaptados a una necesidad concreta de negocio.
AI FACTORY
Convertimos casos de uso priorizados en agentes y automatizaciones que trabajan con las personas, los datos y las herramientas de tu empresa.
Diseñamos e implantamos agentes de IA y automatización de procesos a medida, conectados con los equipos, datos y herramientas de tu empresa.
Diseñamos agentes con tareas, fuentes, reglas y límites adaptados a una necesidad concreta de negocio.
Integramos procesos, datos y herramientas para reducir trabajo repetitivo y fricción operativa.
Probamos, medimos y mejoramos cada solución con las personas que la utilizarán.
Cada solución parte de un problema. Después definimos fuentes, reglas, integraciones, revisiones humanas y métricas de uso para que el agente sea una capacidad operativa.
Personas + procesos + agentes
↗Aspectos clave para decidir el siguiente paso con claridad.
Es una forma de diseñar, construir e implantar soluciones de IA conectadas con procesos, datos, herramientas y controles de una empresa, en lugar de adoptar herramientas aisladas.
La consultoría ayuda a decidir qué hacer y en qué orden. La AI Factory convierte los casos priorizados en agentes, automatizaciones e integraciones que el equipo puede utilizar y mejorar.
Antes de implantarlo se definen sus tareas, fuentes autorizadas, permisos, límites, revisiones humanas y criterios de seguimiento. La solución se prueba con el equipo que la utilizará.
Conviene revisar con las personas que lo realizan dónde se concentran las tareas repetitivas, la búsqueda de información o las demoras. Dirección puede priorizar el caso cuyo objetivo, responsable, fuentes y forma de validación estén más claros.
Deben seleccionarse por su relevancia, actualización, calidad y relación con la tarea que se quiere apoyar. La empresa debe indicar qué fuentes quedan autorizadas, quién las mantiene y cuándo dejan de ser válidas.
Hay que concretar qué datos entran y salen, qué sistema conserva el dato maestro y qué paso del proceso activa cada intercambio. También conviene identificar excepciones, responsables técnicos y una forma de comprobar que la integración no altera la operativa.
Los permisos deben responder a la función de cada persona y limitarse a la información necesaria para su tarea. Es recomendable revisar altas, cambios de puesto y bajas, además de registrar quién puede modificar instrucciones, fuentes o conexiones.
Antes de probarla, la empresa debe acordar qué calidad, tiempo, errores, aceptación y carga de revisión espera observar. La decisión debe basarse en casos reales, resultados contrastados y el impacto sobre el proceso, no solo en demostraciones.
Debe hacerlo cuando el resultado suponga un compromiso con clientes, afecte a personas, contenga información sensible o presente una excepción. El flujo debe indicar quién revisa, qué puede aprobar y cuándo detener o escalar el caso.
Las fuentes, instrucciones, permisos e integraciones deben revisarse cuando cambia el proceso, la organización o la información de referencia. Un responsable debe gestionar versiones, registrar cambios relevantes y retirar contenido desactualizado.
Tras validar el flujo inicial, conviene documentar sus límites, roles, fuentes y criterios de calidad antes de replicarlo. La extensión debe comprobar qué cambia en cada área y mantener una revisión de accesos, excepciones y capacidad de soporte.
El equipo debe poder detener el flujo, no utilizar el resultado y comunicar la incidencia a la persona responsable. Después conviene revisar las fuentes, permisos, instrucciones y registros disponibles antes de reanudar el uso.
El propietario debe ser un responsable del área que conoce el objetivo, los riesgos y la decisión que el proceso apoya. Tecnología y proveedores pueden colaborar en la operación, pero el negocio debe conservar la decisión sobre reglas, validaciones y cambios relevantes.
Cuéntanos el reto de tu equipo y encontraremos una forma responsable de empezar.